Los cambios en los horarios por la llegada de la alta velocidad, la lenta recuperación de las frecuencias perdidas durante la pandemia por la falta de maquinistas y la difícil adaptación a las nuevas necesidades de movilidad con el teletrabajo está provocando quejas de usuarios de los servicios de media distancia de alta velocidad. Estas conexiones, como los recorridos por el eje atlántico (A Coruña-Santiago-Vigo) o entre Santiago y Ourense, son de las más utilizadas del país, pues sitúan a las principales ciudades a tiempos muy competitivos con el vehículo privado y otros transportes colectivos. Sin embargo, la fiabilidad falla a veces por los retrasos, con las consecuencias que estas demoras tienen en el ámbito laboral o docente. Los cambios de horarios, además, siempre tienen una doble consecuencia: pueden beneficiar a unos usuarios y perjudicar a otros. En cualquier caso, en las últimas semanas distintos grupos de usuarios se están organizando para reclamar a Renfe cambios en sus frecuencias, como los que formaron la plataforma de usuarios de ferrocarril de media distancia.

De esa forma, se ven abocados a utilizar el regional con salida de la terminal herculina a las 15.50 horas, con llegada teórica a las 16.30 horas a Santiago, pero que, indican, sufre frecuentes retrasos. En la práctica, quienes utilizan el tren para ir a trabajar de Santiago a A Coruña con un horario de 8 a 15 horas parten a las 6.37 horas de la estación compostelana y no regresan hasta las 16.30. El tren matinal también se adelantó de las 6.46 a las 6.37, cuando consideran que lo lógico hubiera sido anticipar el que parte a las 7.42 y llega a A Coruña a las 8.13, opción inviable para la gran mayoría de trabajadores.
Iria Miguélez viaja de Santiago a Ourense. Hasta los cambios de diciembre, tomaba el tren a las 7 horas, pero ahora parte a las 6.25. Su reivindicación y la de muchos compañeros de viaje, plasmada en reclamaciones ante la compañía, es regresar al antiguo horario: «Adiantar 35 minutos a esas horas é moito. Vas andando pola rúa cara á estación e non hai ninguén». En destino a las 7.03 horas, en su caso puede acceder ya a la biblioteca pública en la que trabaja, pero otros tienen que esperar cerca de una hora para entrar. «Os horarios están feitos para ir no AVE a Madrid, non para os traballadores». Ella se planteó ir en coche algún día. Es la opción de Pablo Almuíña, médico en Ourense, que tras dos años de viajes en tren, se decanta ahora por el coche: «Para volver dende Ourense non hai problema. Pero á ida tes case unha hora de espera antes de empezar a traballar, non é viable». Coinciden en que, con horarios que permitan conciliar mínimamente, el tren es imbatible. Con los actuales, no.

Renfe defendió recientemente los cambios realizados en la conexión con Ourense para facilitar los transbordos para coger el AVE. Recordó que se aumentaron las frecuencias en 19 semanales.

Para Marta Sánchez, empleada del Conservatorio de Música de A Coruña, los cambios en los horarios del tren la han afectado de forma negativa. Considera que pierde tiempo tanto al dirigirse a su puesto de trabajo en la ciudad como para irse. «Vivo en Santiago, y vengo a trabajar a A Coruña. Mis horarios varían dependiendo del día. Los miércoles, de las 11.00 a las 15.00 horas. El tren que sale a las 9.42 lo pusieron antes y me viene peor porque tengo que esperar una hora en A Coruña para empezar la jornada. También adelantaron el de las 15.30 horas a las 15.10 y, si lo pierdo, tengo que esperar hasta las cuatro. Me quedo más tiempo del que esperaría. Ahora los horarios son muy parejos», afirma.

Dos amigas que residen en Santiago y trabajan en A Coruña aseguran que las modificaciones de los horarios no las han perjudicado. Sin embargo, cuentan que tienen compañeros de trabajo que sí se han quejado por las alteraciones. «Nos comentan que, especialmente en turnos de tarde y noche, los cambios son peores», dicen.

Rebeca Vila, de 27 años, es estudiante del último curso de japonés y, como mínimo, viaja desde A Coruña a Vigo una vez por semana. Su tren de regreso a A Coruña salía a las 20.30 horas y ahora se lo han adelantado cinco minutos. «No hay una buena combinación de autobuses y tengo que ir andando. Esos cinco minutos me obligan a ir más apurada», dice.

Néstor Vázquez viaja a diario a Santiago, donde ejerce como profesor. El cambio de horarios le obliga ahora coger un Alvia para regresar. «Esta situación me afecta porque tengo que coger bonos de diez viajes, cuando antes era mensual. En el Alvia, desconozco por qué, no podemos coger ningún tipo de bono. Se compra de día en día y no puedes hacer otra cosa». Aún está calculando cuánto va a dejar de ahorrar, puesto que «el precio de viajar en Alvia fluctúa según los días». También se vio obligado a hacer cambios en sus horas de libre disposición. «Renfe hizo mal al hacer cambios en plenas vacaciones de Navidad», alega.