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El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, se puso este miércoles el traje de las presentaciones institucionales con el fin de comprometerse con un proyecto nuevo para una vieja conocida entre las infraestructuras pendientes de ejecución en la ciudad de Alicante: la estación del tranvía en Renfe. Se trata de un equipamiento que se comenzó a planificar en 2003 y que, 20 años después -tras haber quedado congelado por la crisis económica de 2008-, debe servir de germen (y de acicate) para la construcción de la futura estación intermodal. 

Los plazos para que -ahora sí-pueda convertirse en realidad los dio a conocer el mismo Puig: se prevé que el proyecto definitivo quede aprobado antes de fin de 2022 para que las obras puedan licitarse a principios de 2023 y pueda seleccionarse un adjudicatario durante el primer semestre de ese año. Así, las obras podrían arrancar a finales del próximo ejercicio con la finalidad de convertirse en un revulsivo de inversión pública para superar las dificultades del ciclo económico actual, lastrado por la pandemia, por el conflicto de Ucrania, por el incremento de costes energéticos y por la inflación, según explicó Puig.

Lo cierto es que ese nuevo calendario supone un retraso de casi dos años respecto a los plazos que se dieron a conocer a principios de 2021. Con todo, ese aplazamiento podría quedar justificado en la nueva filosofía que se habría conferido a su diseño. La propuesta actual parte como una revisión en profundidad del proyecto trazado en 2007 hasta el punto de llegar a triplicar su presupuesto estimado: de 35 millones, se pasa a un desembolso que superará los 100, en los que se incluye el entronque con el tramo en túnel ya ejecutado desde la estación de Luceros, bajo la Avenida de la Estación. 

Para su financiación, se prevé optar a fondos de la Unión Europea a través del Programa Operativo Feder Comunitat Valenciana  2021-2027, al quedar encuadrados en los objetivos de fomento de la movilidad sostenible, según concretó el conseller de Política Territorial, Obras Públicas y Movilidad, Arcadi España. Y en sintonía con esa inversión, el Consell también es ambicioso en cuanto a sus prestaciones, ya que se concibe como una terminal clave para multiplicar la capacidad operativa de toda la red metropolitana de tranvía (el sistema Tram).

De hecho, la nueva estación será el punto de partida que permitirá extender el servicio hacia el suroeste de la ciudad, de modo que se habilite un recorrido hacia el barrio de La Florida con paradas en San Fernando, Princesa Mercedes y Ciudad de Asís. Además, la estación será el punto de inicio de la nueva Línea 6, que comunicará los barrios de San Blas, San Agustín, Tómbola y Divina Pastora hasta Ciudad Jardín para entroncar con el trazado actual de la Línea 2, sobre la que también se ha diseñado su prolongación hasta el Hospital de San Vicente. Esa extensión territorial de la red Tram, ya presentada el pasado mes de julio, conllevará una inversión adicional de otros 75 millones (35 y 40 millones, respectivamente) según los datos actualizados detallados por Puig. Pero, además, también permitirá incrementar las frecuencias de paso del resto de las líneas ya operativas, que conectan el centro de Alicante con la zona de Playas o con las poblaciones del norte de la provincia.

¿Qué condiciones reunirá dicha estación para hacerlo posible? La primera y fundamental será la ampliación de su tamaño respecto al proyecto original. La nueva terminal se plantea completamente en subterráneo, frente al proyecto redactado en 2007, de modo que no afectará al estacionamiento de vehículos de Adif. Además, pasará a contar con cuatro vías -como había anticipado este diario- y dos andenes, en lugar de las tres vías concebidas de forma inicial, lo que ampliará las posibilidades de maniobrabilidad de los trenes. 

 

 

 

Su segunda característica básica será su profundidad. La estación se situará a una cota inferior de la prevista, ya que el tramo de entronque con el túnel ya ejecutado en el subsuelo de la Avenida de la Estación discurrirá bajo las conducciones de las obras antirriadas de la Avenida de Salamanca. Así, el edificio de la terminal dispondrá de dos plantas soterradas que se excavarán mediante la técnica de túnel en mina y no a cielo abierto, como se había previsto originariamente.

En la primera de esas plantas, la más próxima al nivel de superficie, se habilitará el vestíbulo principal de la estación, provisto de corredores laterales en los que se prevé habilitar una conexión directa con la futura estación intermodal subterránea de Renfe, que corresponde ejecutar a Adif. Se trataría, así, de facilitar el desplazamiento de los viajeros, de modo que cualquier usuario pueda pasar de un cercanías, de un AVE o de un Euromed para tomar un tranvía y viceversa sin necesidad de salir a superficie para realizar ese transbordo.

Al margen de la instalación de los tornos de acceso, en ese vestíbulo se reservará espacio para situar salas técnicas y de atención al cliente. E incluso quedaría abierto a la instalación de usos terciarios (hostelería y determinados tipos de comercio) siempre que ello fuese compatible con el proyecto de la futura estación subterránea del ferrocarril, a cargo de Adif, en la que también podrían contemplarse esos usos.

En la segunda de las plantas, a un nivel inferior, se situarían los dos andenes centrales para acceder a las cuatro vías. Las dos plantas quedarían enlazadas mediante la instalación de escaleras mecánicas y ascensores, como ya sucede en las estaciones de Luceros, Mercado y Marq para garantizar la accesibilidad y facilitar los traslados de los usuarios.

El conjunto de la actuación parte con un plazo de ejecución de 48 meses, de modo que la estación debería quedar terminada en un plazo de cuatro años. Es decir, entre finales de 2027 y principios de 2028 si se cumple la programación prevista sin contratiempos sobrevenidos en la fase de licitación o de ejecución de la obra. Por lo pronto, el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Alicante, el bipartito compuesto por PP y Cs, expresó este miércoles su confianza en que, en esta ocasión, el proyecto llegue a ejecutarse, de modo que la presentación no se quede en una mera declaración de intenciones.