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20 millones de euros en pérdidas en pernoctaciones. Esa era la cifra que Paco Cuenca, como líder de un PSOE en la oposición en el Ayuntamiento de Granada presentaba en 2013 para echar por tierra el traslado de la actual estación de trenes a la periferia.

Nueve años después, el debate acerca del lugar donde deben llegar a parar las vías en la capital granadina vuelve a estar vivo y, desde el Ayuntamiento, con Cuenca al frente de la alcaldía, se abre por primera vez a llevarlo ese traslado definitivamente a cabo.

El cambio de opinión por parte del consistorio tiene como objetivo dar solución a dos problemas en la ciudad. Por una parte, uno reclamación muy antigua, acabar con la denominada cicatriz, es decir, las vías, que dividen dos barrios como la Chana y Rosaleda al oeste de la ciudad.

 

Por otra, solventar una dificultad añadida para Granada a la hora de entrar en el juego de Corredor Mediterráneo: la imposibilidad de gestionar el transporte de mercancías a la vez que el de pasajeros en la actual estación de Andaluces, en el centro de la capital.

Si bien es cierto que esta segunda problemática viene ahora añadida por el nuevo paradigma ferroviario, la segunda supone todo un golpe de timón para el discurso de Cuenca, que llegó a hacer bandera de la causa por el soterramiento del tren en los barrios divididos.

Además, la salida del centro, si bien parecía entonces un imposible para el actual alcalde por el desastre económico que crearía en la zona, los propios datos que espantaban para ello han dejado de tener importancia en su discurso desde que salió la noticia a comienzos de esta semana.

Una «decisión errónea»

Según denunciaba desde la oposición el actual alcalde socialista en 2013, la idea de abandonar la accesibilidad al centro por parte de los viajeros, formaba parte de una forma de comprender las ciudades que se había demostrado fallida en casi cualquier ejemplo a lo largo y ancho del país.

Guadalajara, Tarragona o Ciudad Real se esbozaban según ese informe elaborado con datos «del INE, el Instituto de Estadística de Andalucía, el Observatorio de la pequeña y mediana empresa (MITC), el ministerio de Fomento, o la Fundación de Ferrocarriles de España» como referencias de estaciones aisladas del casco urbano y que habían quedado por ello sin apenas uso.

«Fueron decisiones erróneas que no queremos se repitan en Granada» explicaba entonces Cuenca. Las previsiones recogidas en aquel estudio en cuanto al impacto negativo en la capital se estimaría en un aumento del 6% en pérdidas económicas en cuanto a viajeros y pernoctaciones.

Los datos salían de cruzar las estaciones con AVE en el centro y estaciones con AVE en la periferia, la diferencia entre el impacto decreciente en ambas en esos años de crisis iban del 5,41% frente al 11,4% del segundo. Para entonces Granada, de hecho, no tenía siquiera Alta Velocidad, por lo que no deja de resultar paradójico que ahora que ya la tiene, se plantee el traslado.

Los empleos de los barrios de la zona, en buena parte dependientes del movimiento de pasajeros en la estación, quedaría además en el aire. En aquella comparecencia hace nueve años, es más, Cuenca apuntaba que el simple hecho de poner sobre la mesa el posible traslado era una muestra de que el PP estaba «jugando con el empleo y con el futuro de miles de granadinos» que eran «invisibles» para ellos.

El soterramiento, atascado

Desde la oposición han pedido por su parte explicaciones al alcalde en cuanto a este cambio de posición a la hora abrirse al posible traslado. Las razones que entonces se planteaban, se puede argumentar, tenían un contexto muy diferente al de 2022, pero el mero hecho de abandonar una posición inflexible hasta la fecha para el alcalde como era la de propiciar el soterramiento en el barrio de la Chana, supone un giro inesperado tras casi una década de reclamaciones tanto desde la oposición como desde la alcaldía.

Es cierto que la medida surge directamente desde los técnicos del Ayuntamiento que en la actualidad trabajan en elaborar el nuevo PGOU para la ciudad. El argumento se construye además en una transformación de la zona de Camino de Ronda y Méndez Núñez, que tras la llegada del metro funcionan como lugar de tránsito.

Pero, al mismo tiempo, es precisamente esto lo que temen desde el PP que se pueda echar a perder. La intermodalidad de la estación de Andaluces, con el Metro a pocos pasos de sus puertas, supone una comodidad que muy difícilmente será idéntica en la posible nueva estación.

Con todo, lo que se deja en el tintero en este debate es que quien debe tener las riendas en un traslado de estas características será la propia Adif, la misma corporación que, hasta el momento, no movió nunca un dedo por soterrar las actuales vías tras años de presión social.