Este renacer, que viene acompañado de una apuesta firme a nivel europeo por el tren como medio de transporte, abre nuevas oportunidades a España para poder pensar cómo realizar su particular transición ecológica. Concretamente, la vuelta del tren nos permite empezar a pensar cómo descarbonizar un sector económico fundamental para la economía española, el turismo, al menos en lo que tiene que ver con el territorio peninsular. El turismo español, hasta ahora, está probando ser uno de los sectores económicos más difíciles de descarbonizar por su enorme dependencia del avión como medio de transporte para traer a nuestro país a los millones de turistas europeos que desean visitarnos cada año. Concretamente, en 2019 casi 69 millones de turistas de los 83,5 millones de turistas internacionales que nos visitaron entraron en el país a través de los aeropuertos. Además, de los turistas restantes casi 12,7 millones entraron en nuestro país por carretera. De todos estos turistas, casi 66 millones provenían de países europeos de nuestro entorno más cercano que están situados a distancias que pueden ser cubiertas, en parte o en su totalidad, por ferrocarriles nocturnos de manera competitiva frente a otros medios de transporte. Por ejemplo, el viaje desde Barcelona a Frankfurt en tren lleva con las infraestructuras actuales unas 11 horas de viaje, a París unas 6:30 horas, a Londres unas 8 horas, a Bruselas un tiempo similar, y así sucesivamente. Estos tiempos de viaje, que no incluyen los transbordos que en la actualidad se tienen que realizar sino sólo el tiempo que se necesitaría para el viaje en el tren, pueden parecer elevados, pero están dentro de la horquilla en la que los trenes nocturnos están demostrando ser competitivos a nivel europeo. Además, de los 83 millones más de 58 visitaron la península, y por lo tanto gran parte de ellos podrían acceder a la península y llegar a sus destinos en tren si existiesen alternativas adecuadas y competitivas para ello. Sin embargo, en la actualidad el ferrocarril es un modo de transporte residual en las entradas a España, que en 2019 utilizaron menos de 0,35 millones de personas, en gran parte debido a una oferta de conexiones con Francia y Portugal prácticamente inexistente.

 

Esta infrautilización de las infraestructuras ferroviarias ya construidas constituye una enorme pérdida de oportunidades para España. Esto es así porque el uso del tren tendría grandes ventajas para nuestro país. La más obvia sería que acercaría a nuestro país a cumplir sus compromisos internacionales en materia de cambio climático para lograr que la temperatura global no suba más de 1,5ºC de media, algo fundamental para que los jóvenes españoles no tengamos que ver cómo gran parte del territorio situado al sur de la Cordillera Cantábrica se convierte en un desierto a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, también tiene ventajas económicas muy importantes. España tradicionalmente ha competido a través de los bajos precios con otros destinos turísticos de sol y playa como Túnez o Turquía por atraer a los turistas europeos. Eso le ha permitido recibir muchos turistas, pero ha hecho que cada uno de ellos se deje relativamente poco dinero en nuestro país. No obstante, España puede ofrecerles algo a los turistas europeos que Túnez o Turquía nunca podrán ofrecerles, la oportunidad de disfrutar de unas vacaciones sostenibles. Para ello no sólo es necesario que la oferta turística en el destino sea sostenible, sino que es necesario que el transporte desde el origen al destino también lo sea, y en ese aspecto Turquía y Túnez nunca podrán competir con España. Además, el turismo sostenible es un turismo que apuesta por la calidad frente a la cantidad, un turismo dispuesto a conocer las tradiciones gastronómicas del país, a consumir productos cultivados de manera local y ecológica, y, en general, un turismo que beneficia mucho más al lugar que lo recibe que el turismo masificado de bajo coste con el que nuestro país ha intentado competir en los últimos años. Esta modalidad de turismo y de viaje, además, está al alza en Europa y es cada vez más demandada, tal y como demuestra la reducción de vuelos que ha tenido lugar en Suecia a raíz de la creciente concienciación ciudadana y de la creciente competitividad del tren, pero en muchos casos no encuentra una oferta lo suficientemente cómoda y competitiva como para explotar todo su potencial. Otra ventaja económica adicional sería que independizaría nuestra industria turística, y con ello el sustento de las personas que dependen económicamente de ella, de los vaivenes del precio del petróleo, que dejaría de ser un factor determinante a la hora de hacer que la gente venga o deje de venir a España de viaje.

Todo esto nos lleva a la cuestión de cómo se podría poner en marcha un conjunto de conexiones ferroviarias entre España y el resto de Europa que pudiera permitir a nuestro país aprovechar esta oportunidad y también descarbonizar nuestra actividad turística. El paso más fácil y sencillo de aplicar, sería que Renfe se sumase a la ola que recorre Europa de recuperación y puesta en marcha de trenes nocturnos, recuperando el tren que conectaba Madrid con París y poniendo en marcha nuevas conexiones entre Barcelona y Francia, Suiza, Alemania, Bélgica, Países Bajos, Italia o incluso Gran Bretaña. La mayoría de estas conexiones podrían aprovechar infraestructuras de alta velocidad ya construidas que conectan Barcelona con la mayoría de estos destinos, aunque la conexión con Gran Bretaña originaría más problemas por el hecho de estar fuera de la Unión Europea. El siguiente paso sería apostar por aplicar a todas estas conexiones de alta velocidad una solución que está funcionando bien en España, que ha funcionado bien en Italia y que puede permitir aprovechar al máximo el potencial de estas infraestructuras y el dinero que los europeos estamos invirtiendo en ellas. Esta solución sería similar a la liberalización controlada del uso de estas infraestructuras que se está poniendo en marcha en España y que de momento está permitiendo incrementar mucho el aprovechamiento de las vías de alta velocidad entre Madrid y Barcelona y bajar el precio del tren de alta velocidad hasta hacerlo asequible para la ciudadanía y competitivo también en precio frente al avión y al coche. De esta forma, se podría poner en marcha un proceso similar al impulsado por el Gobierno y Adif en España, en el que se identifique los surcos, es decir, los tramos horarios de uso, que se pueden destinar al transporte de pasajeros de larga distancia, y se hagan procesos competitivos que permitan a las distintas empresas ferroviarias europeas pugnar por conseguir el derecho a utilizar una parte de ellos a cambio del compromiso de aprovechar el máximo posible los paquetes de surcos que ganen cada una. Un proceso de estas características podría permitir la puesta en marcha de un gran número de conexiones internacionales por parte de diferentes operadores que competirían entre sí y con otros modos de transporte en todas las rutas por atraer al mayor número posible de usuarios de los distintos modos de transporte contaminantes, incluyendo el avión y el coche, y por lo tanto conllevaría una bajada de los precios que tendrían que pagar los viajeros por utilizar estas conexiones. La ejecución de un proyecto así tendría que superar muchas trabas y muchos problemas derivados del carácter internacional de estas rutas, empezando por las trabas que los franceses están poniendo a la hora de permitir a otras compañías ferroviarias utilizar sus vías de tren, pero los beneficios que tendría a la hora de promover la movilidad sostenible y de utilizar los miles de km de alta velocidad que ya hemos construido en Europa compensarían los esfuerzos que habría que realizar.

Todas estas propuestas, así como la implementación de otras muchas que facilitasen el uso internacional del tren como la puesta en marcha de sistemas de compra de billetes de tren que permitiesen adquirir los billetes desde el origen al destino en una sola plataforma, tal y como sucede en el caso del avión actualmente, facilitarían mucho el uso del tren a nivel internacional y harían que realmente se convirtiese en una alternativa para los millones de turistas que cada año quieren disfrutar de nuestro país. De esta forma, podríamos demostrar de nuevo que la transición ecológica va de colaborar entre los distintos actores involucrados en cada una de las actividades para lograr soluciones que cumplan con la ciencia y descarbonicen completamente los distintos sectores pero que también generen alternativas y oportunidades sostenibles para aquellos cuyo sustento depende de esas actividades. En definitiva, nuestro país tiene la oportunidad de ser pionero en demostrar al mundo que una transición ecológica justa en todos los sectores es posible. Atrevámonos a hacerlo.